La semana pasada aproveché mi fugaz escapada a Granada ( puede que me haya ganado a pulso un lugar en el infierno por esperar veintisiete años para conocerla) para husmear en la productiva Jornada que organizó el Consejo Audiovisual de Andalucía. Ahora puedo entender con más claridad el sentido de la canción del grupo Supersubmarina que dice: "las luces nos alambran al pasar", dedicada a esta mágica ciudad donde es sencillo volver con dos kilitos de más en la maleta.
Existen tan pocos congresos y jornadas enfocados al tema de menores -cuestión que no deja de chocarme, pues es un asunto que nos concierne a todos- que cualquier atisbo de información relacionada llama mi atención. Cierto es que el programa no estaba centrado en temas rigurosamente legales y estaba más dirigido a profesionales del ámbito de la educación y los medios. Pero comparto con ellos su preocupación sobre como afectan los caudales de avances tecnológicos en las curiosas mentes-esponja de los menores de edad, sobre todo de los adolescentes que sienten cierta atracción fatal hacia lo que no se debe hacer.
En cuestión de sólo doce años el panorama ha cambiado radicalmente. Aún recuerdo mi primer teléfono. Un Alcatel "one touch easy" de monstruosas dimensiones y sencillo manejo, que lejos de facilitarnos la vida, creo que fue el origen de nuestros males amorosos, hasta día de hoy. Como seres inocentes que éramos por esa época -queda bien poco de aquella candidez- pensábamos que cuando no llegaba aquel mensaje ansiado de Menganito, podía deberse a sucesos paranormales tales como que se había perdido en la inmensidad del espacio. Ahora sabes que si no tienes noticias de alguien por vía móvil, email, facebook o twitter, no hay lugar a dudas. Pasa de ti olímpicamente.
Hoy internet es una herramienta con la que están de sobra familiarizados los jóvenes. Aprenden a una velocidad pasmosa y precozmente se nutren de ella, devorando con avidez todo lo que tiene que ofrecerles. El problema está en la otra cara de la moneda, pues también empiezan a coquetear con los peligros que en ella se entrañan. Un arma de doble filo y una realidad de nuestro tiempo a la que no hay que dar la espalda.
Después de sortear de madrugada las lluvias torrenciales que se precipitaban sobre la carretera, la poca visibilidad y las obras que entorpecían aún más la circulación, mi compañera y yo conseguimos llegar a primera hora de la mañana a nuestro destino, justo a la hora del primer descanso y de un copioso desayuno que ofrecieron en el Consejo Escolar.
En la Jornada de "Alfabetización Mediática" -término discutido por algunos ponentes que preferían utilizar otros como "educación mediática"- tuvimos la suerte de poder escuchar a verdaderos expertos en el campo de la educación y de los medios audiovisuales, como Antonio Manfredi Díaz -periodista y vocal del Consejo Andaluz de Asuntos de Menores- y Alejandro Perales Albert -Coordinador del Observatorio de Contenidos Televisivos y Audiovisuales (OCTA)- entre otros.
Sin embargo, todos ellos coincidían en que la solución no era privar a los jóvenes del productivo uso de internet o en arrojar las televisiones de cada casa por la ventana, condenándoles a un mundo de desinformación y sobreprotección que acabaría por convertirles en monigotes sin capacidad de discernir y de elegir. Se habló en reiteradas ocasiones de la necesidad de un adiestramiento mental, no sólo de los menores de edad, sino también de los propios adultos, para dotarles de los medios necesarios para hacer un uso correcto de la información que reciben.
¿ Y cual es la manera más efectiva de conseguir este ambicioso objetivo ? Educando desde los primeros pasos del ser humano. Es aquí donde entra en juego la figura del "educomunicador" que convertirá esa información que se transmite en conocimiento a través de los medios, como por ejemplo, la televisión.
Es innegable la fuerza penetrativa de los medios televisivos en nuestras vidas y como se comentó en la jornada, no creo que todos veamos solamente los documentales TV2. También es incuestionable la pobreza de contenido didáctico en varios de los programas que nos ofrecen las diferentes cadenas, muchas veces, incluso en horario infantil.
En ellos impera la ley del grito, el vocabulario inapropiado, la superficialidad, la mentira como medio de vida. En un mundo laboral tan duro y competitivo como el que nos ha tocado vivir, parece ser que hay caminos mucho más atractivos para algunos jóvenes que invertir cuatro años estudiando una carrera para acabar sumándote a la poco gratificante cola del paro. Y tú hijo mío, ¿ qué quieres ser de mayor ? Y el/ella contesta sin titubeos: "ser tronista de Hombres, mujeres y viceversa, tertuliano en Salvame de Luxe o concursante de Gran Hermano, no sé mamá, tengo que meditarlo". Sólo de imaginarlo se me ponen los pelos de punta.
¿ Dónde quedaron series entrañables y educativas cómo Los Fruitis, La abeja Maya, Marco o La vuelta al Mundo en 80 días? Aún recuerdo con emoción el momento en el que te desvelan que realmente aquel pobre león ojeroso que las había pasado canutas para llegar a tiempo, llevaba realmente un día de antelación. ¡ Qué subidón! Sonará ñoño, pero eran tiempos felices donde no tenías que preocuparte de si tu foto de perfil te hace justicia o si por el contrario, parece que te has comido a ti misma.
Todos los ponentes dieron interesantes aportaciones -alguno de ellos no tenía mucha idea de hablar en público- pero me gustaría destacar la intervención de José Ignacio Aguaded Gómez, Catedrático de Educomunicación y Vicerrector de Tecnologías y Calidad de la Universidad de Huelva. El Sr. Aguaded nos habló de la importancia de la investigación universitaria para formar profesionales de los medios con alma de educadores, armas más que eficientes en esta cruzada que es conseguir una ciudadanía más saludable. Recalcó la importancia de emplear los medios como mecanismos para llegar a las personas e inculcar valores, y no como un aparato malicioso que hipnotice a la multitud y silencie sus voces y atrofie su inteligencia.
En segundo lugar, quisiera mencionar al Doctor en Filosofía y Letras, Diego Sevilla Merino, que nos cautivó a todos con su don de palabra. Su discurso fue reconfortante, lleno de esperanza.
Sacó a relucir el problema de la "brecha digital", que se hace patente en las personas con menos recursos económicos, y proclamó la importancia de que la alfabetización escrita no sea solo un privilegio de unos pocos. Por último, el Doctor Sevilla Merino subrayó el imprescindible valor de la palabra, instándonos a no renunciar a la oralidad. Me gustó mucho que dedicara un guiño a los a veces olvidados cuenta-cuentos, tan útiles para llegar a todo tipo de receptores y un método infalible para sacar sonrisas a los niños. Al escuchar al Doctor no pude evitar recordar el semblante tranquilo y afable del narrador **Boni Ofogo mientras decía: "Si tú vecino tiene más pelo que tú, no le tengas envidia, porque seguramente tiene más piojos que tú".
Conclusiones: Una buena iniciativa del Consejo de Andalucía. Un salón a medio llenar y pocos asistentes para lo que debería haber sido ( lo mismo de siempre ) teniendo en cuenta la importancia que tienen nuestros menores, pues son el mañana.
Se vertieron opiniones interesantes y proyectos prometedores. Aunque percibí cierto escepticismo entre algunos participantes, en su mayoría, profesores. Se necesitan algo más que palabras y eso llevará tiempo.
Deseo fervientemente comprobar que lugar tendrán realmente los menores en los programas de los partidos políticos cara a la proxima legislatura. Veamos si todas sus buenas intenciones que manifestaron en la Jornada de Icade sobre "Políticas para la Infancia en tiempos de crisis" se cumplen o si por el contrarios se quedan en agua de borrajas.
Por último agradecer su amabilidad al Consejo Escolar de Andalucía ( en especial a Paqui ) y a FINCA ALDABRA (http://www.fincaaldabra.es/) donde nos hospedamos y nos trataron como en casa.
** Aprovecho para compartir con vosotros la experiencia que tuve el placer de vivir al escuchar al cuenta-cuentos: BONI OFOGO ( http://www.boniofogo.com/ ) el otro día en una Jornada en Icade. Boni se define como un hijo de la tradición oral, criado en una aldea de Camerún donde este era el único método para acceder a la información. A través de sus cuentos que narra con soltura, gracia e ímpetu, transmite moralejas y valores a veces olvidados. Nos atrapó con sus movimientos, con el timbre de su voz y con la sabiduría que brotaba de sus palabras. Si tenéis ocasión, os recomiendo que lo comprobéis con vuestros propios ojos, os gustará reecontraros con el niño que lleváis dentro.
"No sólo leyes" es mi modesta aportación a un proyecto que NO se conforma con estar al día en temas legales y educativos. Es toda una provocación para dar un paso más hacia el despertar de la conciencia social. Un abrigadero para los jóvenes que a veces nos sentimos desorientados ante un futuro incierto. Un reto encaminado a la humanización de las leyes, la realización de la justicia en toda su esencia y porqué no, a conseguir un mundo más sensibilizado con los problemas de nuestros congéneres.
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Me encanta :)
ResponderEliminarBienvenida al comienzo de una preciosa y productiva etapa que arranca hoy. Estoy segura de que este blog se llenará de grandes e innovadoras ideas. Sigue así ;)
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